Se dice que la ciencia ha destronado ha la magia. ¿Lo ha hecho realmente? Una curiosa anécdota viene a decirnos que si, aunque tan solo en un pequeño grado. La anécdota en cuestión fue por Jean Cocteau en su discurso de recepción en la universidad de Oxford.
Aquí está:
Mi amigo Pobers, catedrático de parapsicología de la universidad de Utrecht, fue enviado a las Antillas para estudiar los extraños fenómenos que ocurrían allí entre la gente pobre. Efectivamente, allí, cuando una mujer quiere comunicar con sus familiares, su marido o su hijo que han ido a la ciudad a hacer sus encargos, se dirige simplemente a un árbol… y el marido o el hijo le traen lo que a pedido. Pobers asistió en varias ocasiones a este fenómeno, y finalmente se decidió a preguntarle a una campesina por qué se servia de un árbol para aquello.
La campesina le miró unos instantes y luego respondió con la mayor naturalidad del mundo:
¿Qué por que me dirijo a un árbol? Pues, sencillamente, porque soy pobre, si fuera rica, tendría teléfono.
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